La rica gastronomía de la región

¿No eres demasiado amigo de la historia, de la cultura o del arte de los sitios que visitas como turista? ¿Te gustan otras cosas como sus lugares de ocio, todo lo que tenga que ver con el entretenimiento, y el placer de comer? Pues no te preocupes, porque se llegas a A Pastoriza, o a cualquier otra localidad de la región, tendrás esto último bien asegurado. Porque, por si no lo sabes, Lugo es sinónimo del «bueno comer» cuando hablamos de Galicia, y eso ya es mucho decir con las delicias gastronómicas que puedes encontrar en ese Comunidad.

Y este próximo fin de semana es la ocasión perfecta para comprobarlo, por fortuna. Desde el viernes hasta el domingo, se celebrará el Castronomía, festival gastronómico provincial, en la localidad de Castro de Ribeiras de Lea. Aquí, los visitantes podrán disfrutar de tapas a 1,50 euros de la tradicional cocina lucense que aportarán todos los locales de restauración del lugar. ¿Y qué delicias podemos encontrar entre estas tapas a precios populares? Pues claramente todo lo que contemple la dieta atlántica, que es la base de la gastronomía gallega y por supuesto de Lugo: carpaccio de atún, pulpo a la parrilla, rape, mero o lenguado, gran variedad de mariscos, o piezas de caza como liebres y perdices. También el cordero y el cochinillo asado al horno de leña de forma tradicional será uno de los platos estrella de este evento.

Por otra parte, en Pastoriza, Becerreá y Bretoña se celebran los clásicos magostos. ¿Qué significa esa extraña palabreja? Pues los magostos son a las castañas lo que la vendimia es a la uva: o sea, fiestas de celebración de la recogida de este fruto que tiene múltiples usos, y que se convierte en el protagonista gastronómico de toda la jornada. Por supuesto, las castañas asadas con el plato estrella, pero también pueden degustarse junto con ellas los panes de centeno, frituras o asados de tocino y chorizo gracias también a la época de matanza, y algunos postres tradicionales como los bizcochos o el tocino de cielo. Y además, todo ello regado con un buen caldo joven, sidra u orujo del territorio gallego, tradición que engarza, tanto en la celebración como en la puesta en práctica, con antiguos rituales célticos de bienvenida al otoño.